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Autora: Hilda Lizarazu* (Especial para +El Planeta Urbano+) / Ilustración: gEme
Nací en Curuzú Cuatiá, provincia de Corrientes. Viví en Buenos Aires y en Nueva York hasta pasada mi adolescencia. Tantos cambios me nutrieron de diferentes estilos musicales.
El primario lo hice en un colegio bastante particular, con gente que también pasó a ser parte del rock argentino. De aquel colegio, donde fui pupila, habían egresado Nito Mestre y Charly García con su Sui Generis.
La música popular o Pop, ya desde la primaria estaba rondándome y yo a ella. Me juntaba con amigos y tocaba la guitarra en cualquier situación posible, inclusive en los colectivos cuando volvía de algún paseo largo. Nos encantaba musicalizar a pura criolla en el último asiento del bondi.
CIRCULOS
Mi madre poeta, mi padre coronel. Me fui con mi madre a Nueva York a mediados de la década del 70, a los 12 años. Cuando regresé, a los 17, mi primer trabajo como fotógrafa fue para la revista Mutantia, de Miguel Grinberg; luego seguí sacando para +Cerdos & Peces+, de Enrique Symns, también estuve junto a Gloria Guerrero haciendo retratos de músicos para la gran revista +Humor+, de Andrés Cascioli, y luego seguí en El Porteño.
La música me acompaña desde siempre, soy autodidacta: aprendí los primeros acordes sola, jugando con la guitarra. Por mi padre aprendí a escuchar tango y folclore, por mi madre, música del Brasil, como Vinicius De Moraes y Toquinho en La Fusa.
Con la escuela llegaron Sui Generis e Invisible como bandas pilares. De chiquita tocaba zambas en la escuela, todavía me gusta hacerlo sola en casa o con amigos en algún asado, bajo la sombra de un árbol o simplemente en una terraza porteña en una noche de verano estrellada.
SONIDOS
Por elección propia me fui unos años a vivir al interior de Córdoba. El monte me dio otros sonidos, de allí nació mi primer álbum solista Gabinete de Curiosidades.
Una suerte de viaje interior sonoro.
Otra vez en Buenos Aires, los sonidos cambian (todo cambia, por suerte) y lo que estoy preparando ahora con mi banda también muta, se transforma entonces la electricidad y las melodías recorren la sala de ensayo, mi cuerpo y mi alma.
Claro que también el silencio es salud… y vaya si lo es.
¿Qué sería de la música si no tuviera los silencios necesarios para descansar de la música misma?
La música necesita silencio.
Los sonidos en general me llaman la atención, todos ellos se pueden transformar en música. Me gusta experimentar, mezclar sonidos eléctricos con criollos, diferentes estilos para lograr una textura sonora particular, una identidad personal.
El ritmo de vida, el ritmo de la gente, el ritmo de la tierra: todos los ritmos son unibles. La pureza sonora para mí está en seguir el camino de mi propia naturaleza.
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