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Aquí, el fragmento de un texto que recorre su historia, escrito como prólogo a la Guía de Moda de la Ciudad que el Centro Metropolitano de Diseño editará a fin de este mes y que El Planeta Urbano anticipa en exclusiva.
Por Vicky Salías*
*La autora es coordinadora del Area de Moda del Centro Metropolitano de Diseño (CMD) y docente de la carrera de Diseño de Indumentaria y Textil de la Facultad de Arquitectura Diseño y Urbanismo (UBA).
El advenimiento de la democracia en el año 1983 trae una bocanada de aire fresco y renovado. La esperanza de construir un país para todos ya no es una utopía, sino que es una realidad que se palpa en las calles, paso a paso.
Florecen distintas disciplinas, muchas desde el ámbito educativo y universitario, que dan cuenta del espacio que reclaman las actividades vinculadas con la creatividad: publicidad, diseño gráfico, diseño de interiores, marketing, comunicación, etcétera.
La UBA, en el año 1985, abre las carreras de Diseño Industrial y Diseño Gráfico, dando respuesta a la creciente demanda de estos servicios en el mercado. Anteriormente toda persona que estuviera interesada en trabajar en la industria del diseño, seguía Arquitectura. Es por ello que dichas carreras se crean dentro del ámbito de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, FAU, que pasa a denominarse, a partir de este momento, como FADU (Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo). Esta inclusión de las nuevas carreras dentro de la Facultad de Arquitectura denota la clara identificación que desde el ámbito académico se les da a los diseños como prácticas proyectuales.
Pero la expectativa suscitada en el año ´83 irá aquietándose poco a poco para dar lugar a un enfriamiento generalizado, donde la consigna ya no pasa por la esperanza utópica, sino por la distensión, la mirada irónica y, en lugar del combate, la retirada.
Es la postura que adquieren los llamados modernos de ese momento. Son claramente identificados en la Primera Bienal de Arte Joven, evento oficial realizado en 1988. Allí se congregan los artistas e intelectuales jóvenes de todas las disciplinas del arte, y también se dan cita los diseñadores.
Esta aparición significa tanto porque ya el diseño es considerado a la altura de otras disciplinas artísticas, situación que hasta unos años antes hubiese sido imposible.
Pero es en este ámbito donde se legitiman por primera vez, en términos de consumo cultural, las distintas disciplinas del diseño: el de indumentaria, gráfico, industrial, el video, etcétera. Esto significa, también, que cambia la concepción del consumo en relación a la cultura y a los bienes culturales.
En la Bienal se pone de manifiesto el descentramiento de las artes tradicionales, que ceden su espacio a las hasta ahora artes menores, que obtienen su primer gran triunfo público.
Esta nueva movida posmoderna instala lugares como el bar Bolivia, en San Telmo, que luego se extenderá naturalmente hacia enfrente, en el Garage Argentino, donde se realizan periódicamente desfiles de moda en los que las prendas están trabajadas a partir del descarte, de la reelaboración a partir del reciclaje, la cita irónica, el kitsch, la reinvención, la burla. Los materiales elegidos son los lamés, el peluche, las pieles -tanto verdaderas como sintéticas-, el tejido de punto fallado, el telgopor... Los recursos son la deconstrucción, la yuxtaposición, el fragmento... todas operatorias típicamente posmodernas. Es en estos espacios donde conviven los artistas con los diseñadores como Gabriel Grippo, Kelo Romero, Gaby Bunader, todos salidos de la Bienal. Sergio de Loof, artífice del Bolivia, dirá luego en una publicación que el descubrimiento del fashion lo hizo un príncipe de hoy, encontrando la relación entre arte y siglo XX.
ENCONTRA LA NOTA COMPLETA EN EL PLANETA URBANO DE SEPTIEMBRE |
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