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Autor: Juan Cocco
2.930.000. Es la cantidad de resultados que el dios de la Internet, Google, arroja para la búsqueda “Jorge Luis Borges” en el mes del 20º aniversario de su muerte y del Mundial de Fútbol, un deporte que el escritor consideraba “estúpido”. Más de dos millones de diferencia en su favor con “Domingo Faustino Sarmiento”, “Leopoldo Lugones” y “Juan Domingo Perón”. Y más de un millón que los reunidos por dos íconos argentinos: “Ernesto Che Guevara” y el jugador de fútbol más conocido del planeta, “Diego Maradona”.
Justo a Borges, que cultivó la paradoja, le toca ser uno de los escritores menos populares que tiene en la red de redes más links que el futbolista más idolatrado y el revolucionario más admirado por los jóvenes, aunque nada simpático para el poeta de Fervor de Buenos Aires. En 1967, cuando se conoció la muerte del Che, Borges enseñaba Literatura Inglesa en la Universidad de Buenos Aires. Allí, un estudiante irrumpió en el aula y gritó que se suspendían las clases porque el Che había sido asesinado en Bolivia. Ante la negativa del profesor, el joven amenazó con apagar la luz. “He procurado estar ciego, esperando este momento”, respondió Borges, que continuó con el dictado del curso, sentado en su añosa penumbra y apoyado en su bastón entre las piernas.
En la Web, la supremacía borgeana se revierte con escritores que Borges admiró, como “William Shakespeare”, “Oscar Wilde”, “Miguel de Cervantes Saavedra”; y con los fenómenos actuales de venta “Paulo Coelho”, “Dan Brown” y “J. K. Rowling”. Los que le sacan aún más ventaja son “Osama Bin Laden” y “George W. Bush”, líderes de la despiadada vorágine virtual y del gigante bombardero informativo.
No es una indignidad. Al fin y al cabo Internet es “...el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos...”, según Borges describió un original microcosmos en el cuento El aleph, de 1949, y prefiguró así -según algunos críticos- la telaraña electrónica mundial en la que su biografía y obras quedaron enredadas.
Pero Borges, cuyos libros se traducen y venden mucho más de lo que se leen, es hoy su propio aleph. De él, a dos décadas de su fallecimiento, hablan y escriben miles de estudiantes, biógrafos, coleccionistas, escritores, ensayistas, periodistas y otros borgeanos de todo el mundo, quienes discuten, apoyan, defienden, abonan, difunden, tergiversan y despotrican en su ausencia. “La fama es una forma de la incomodidad. Es mejor ser secreto”, se excusó en 1982.
Tres versiones de Borges
Este prolífico conversador que imaginó el Paraíso como “un lugar donde se dialoga”, opinó sobre todos los temas y no retrocedió ante ninguna entrevista, dijo alguna vez que le hubiese gustado conocer qué hubiese pensado el ingenioso Oscar Wilde del “Ulises” de James Joyce. No menos interesante sería saber qué hubiese dicho Borges de Internet. Sin embargo, sí puede saberse qué dice Internet de Borges, no sin cierta sorpresa ante los fallidos sobre su biografía.
Verbigracia, los sitios biografiasyvidas.com, buscabiografías.com y la prestigiosa encarta.msn.com, una de las enciclopedias más difundidas en el mundo. Entre los errores que se acumulan en esos sitios, los hay sobre dos aspectos ya legendarios de Borges: su ceguera y su tarea de bibliotecario. Allí se indica erróneamente que fue director de la Biblioteca Nacional entre 1938 y 1947. Pero la equivocación más fantástica es la de Encarta, que en su sitio on-line en inglés asevera que en la década del 30 Borges sufrió un golpe que le causó una herida en la cabeza y por eso fue perdiendo la vista. Es decir que, según esta versión, se quedó ciego por un accidente. Todo un descubrimiento de una de las enciclopedias más rigurosas y cuidadas del mercado. “Un sistema conduce necesariamente a la trampa”, dijo el escritor en 1970.
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