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Por Daniel Abate* (Especial para El Planeta Urbano)
* Director de la Galería Daniel Abate Contemporáneo; marchand, coleccionista y curador independiente.
Hace años, cuando la vida cotidiana de los argentinos se veía devastada por la caída de la “ilusión” del cambio de moneda, el “corralito” se había quedado con los ahorros de la gente, la caída del gobierno de De la Rúa, el desempleo y la escasez de materiales para trabajar estaban en su apogeo; yo abrí mi galería en Buenos Aires. Aunque la situación no era la más propicia en materia de mercado local, los artistas hicieron que se gestase algo nuevo: el desarrollo más grande de su imaginación para la realización de sus trabajos.
En aquellos tiempos los materiales escaseaban -los pocos que quedaban se vendían a precio dólar- y tampoco había variedad en los colores. Esto contribuyó a que nuestros artistas empezaran a trabajar con lo que había, es decir con los materiales que encontraban, desechos, cosas que tenían guardadas, etc.; y así, con el correr del tiempo, vimos cómo todo esto terminó en un “sello argentino”, mientras en otros países, artistas con muchos recursos hacían obras de arte de gran manufactura y tamaño, gastando muchísima plata, pero no tan interesantes.
Muy a pesar del creciente interés mundial por el arte joven argentino, una vez más, y como es frecuente en nuestro país, realizar exposiciones en el exterior solo se consigue a pulmón debido al magro apoyo interno político y económico. Todavía sufrimos problemas serios que obstaculizan nuestro trabajo: la enorme dificultad para sacar obras del país, los precios de los embalajes, la falta de sponsors y el poco apoyo estatal. Todo esto hace imposible competir como arte argentino en el exterior. La ley de mecenazgo o el apoyo a los reales embajadores del arte por parte de la Cancillería es algo que aún no sucede. No existe un proyecto de cultura que nos apoye a todos los que formamos parte de este sector. Por lo tanto, el mercado se fragmenta en galerías sueltas, artistas perdidos y escasa inversión a futuro. Resulta incomprensible la desunión o el amiguismo de mucha gente que está en el circuito artístico.
Pareciera ser que el mundo del arte contemporáneo -hace unos años- comenzó a evolucionar con el fin de crear algo interesante y sólido en el mercado; pero aún queda mucho por resolver, o simplemente por ordenar. Lentamente la gente está tomando conciencia de la situación y el engranaje cultural está empezando a caminar. Muchos de los artistas que represento han exihibido en muestras en el exterior, en el intento de crear valor en el mercado internacional. Sin embargo, por ahora son más los extranjeros que los locales los que pueden ver esto; tal vez porque es un proceso que acá todavía se está armando y afuera ya está formado desde hace tiempo. Los grandes museos y los curadores están viendo a la Argentina como un lugar a tener en cuenta, y las posibilidades de hacernos valer o lograr un crecimiento para nuestro arte solo dependen de nosostros.
PASION DE GALERISTA
Mi objetivo como galerista es trabajar junto a los artistas para consolidar su presencia en el mercado y la viabilidad de sus obras como productos competentes a nivel internacional.
Mi pasión es aprender a través del diálogo con ellos y agudizar la sensibilidad para poder reconocer la maginutud de un trabajo bien realizado.
En materia de elección a veces hay obras que no son tan fuertes como otras. Pero por lo general, cuando uno ve una obra que le produce una sensación intensa, eso significa que el que la trabajó tiene la permeabilidad suficiente para comunicar algo. Una obra es buena cuando hay una conjunción entre el sentir del artista y lo que se lleva a cabo. Ahí es cuando hay que detenerse e intentar conocer al responsable; si elijo la obra después me encargo de la carrera del autor. Es importante explicar que en estos tiempos el currículo de un artista es importantísimo porque eso es lo que determina la cotización en el mercado, aunque vale darle mayor importancia a la calidad que a la cantidad.
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