Pinta Tu Aldea

 

 

Autora: Agustina Fernandez / Fotos: Cortesía de Columbia Pictures

 “Soy un alcohólico, soy un drogadicto, soy homosexual. Soy un genio”, decía Truman Capote cuando sus días largaban la cuenta regresiva en una seguidilla de ataques de epilepsia, cócteles de drogas y mares de alcohol. Cualquiera podría pensar que ante esta situación límite ya nada le importaba; pero al parecer, para quien creó una nueva forma de narración periodística nada de aquello que no estuviera dentro del aura que emanaban su cuerpo y su mente le quitaba el sueño. Así fue como en busca de la fama -sublimación del amor que nunca tuvo- trató de salvarse una y mil veces. Hasta que no pudo más.

Como decía Tolstoi, Truman Capote pintó su aldea y se hizo universal. Tanto que a más de diez años de su muerte su nombre sigue dando que hablar. Y perdón por las citas, pero aquí la famosa de Quijote: “Ladran Sancho, es señal que cabalgamos”, cae justa. Porque Truman cabalgó tanto que aún le siguen ladrando. Muestra de este fenómeno es Capote, película que Columbia Pictures estrenó el 30 de septiembre -día de su cumpleaños- en Estados Unidos y actualmente brilla tras las marquesinas de los cines de la Argentina, con la posibilidad de ganar varios premios Oscar.

Como espiando por una cerradura, el film protagonizado por el multinominado Philip Seymour Hoffman solo muestra una parte de la apasionante vida del escritor. Estos son los años en los que escribe A sangre fría, la obra en la que -con la excusa de contar el asesinato de la familia Clutter en el estado de Kansas-, muestra las dos caras de su país: el seguro y protegido en el que vivía esta familia acomodada y el sin moral ni posibilidades de sus asesinos.

Truman Capote mismo, lindante con ambos mundos, soberbia mezcla de talento y perversión, a más de diez años de su muerte, generó una discusión entre Hoffman y Bennet Miller, el director del film. Resulta que el actor quería ser “lo más duro posible” con él para que el público se sintiera más identificado, mientras que Miller apostaba a un personaje más agradable, la fórmula siempre eficiente. Lo jugoso de todo esto es que el actor -y coproductor- le ganó al director, y gracias a él todos podremos disfrutar de un Capote “resucitado durante lo que dura la película”, según palabras de Gerald Clarke, autor de la biografía en la que está basado el film.

Resulta muy interesante ver de qué se trataron aquellos años de furioso éxito y repentina decadencia que sufrió Capote mientras escribía la novela de no ficción, género que inauguró mundialmente con A sangre fría. Pero también ocurre que ese tiempo de la existencia de este polémico hombre de letras no es más que una etapa de su vida. La introducción y el desenlace, el antes y el después, le van a faltar al público. Por eso, aquí intentamos lograr un breve acercamiento, un contexto para ese Capote que un buen día decidió contar lo que veía y escribió la gran novela americana, sueño de muchos escritores que lo menospreciaban porque él pertenecía a uno de los estamentos menos reconocidos de la literatura de su época: el de los periodistas.

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