La pitonisa del horóscopo chino en el cono sur

 

 

Autora: Ludovica Squirru Dari / Fotógrafo: Claudio Divella

Abrí una puerta en mi país, América y España, con la misión de juglar de Oriente en Occidente, tejiendo la trama del telar inspirada por mi padre, que viajó a China; por mi propio viaje a Oriente para seguir decodificando el misterio de haber nacido; por mi insaciable curiosidad de aprender sin ir a la escuela, arriesgando mi integridad en la búsqueda del sentido de la vida y de la muerte sin puerto ni red que me contuviera. Los animales son arquetipos humanos que me dieron la oportunidad de aceptar al otro con más cariño, humor, respeto, responsabilidad, entusiasmo, sensibilidad e inteligencia.

Así como los Stones y el rock son uno, no puedo separar a nadie de su signo: quien llega a mí trae un universo de señales y mensajes que son la sustancia, esencia, polvo cósmico del que están hechos. Estos ingredientes no se compran en ningún exótico mercado ni se reemplazan por otros.

Agradezco la orientación que me ha dado la astrología oriental para entender cada etapa de mi vida. Es un mapa que recorro sobre el mapamundi y me acerca a la comprensión de las causas de mis acciones, decisiones, relaciones y estados ciclotímicos.

Y, desde ya, a la de los demás.

Cerca de mí, en la mesa, el I-Ching (el libro que más leo, sin consultar a esta altura) me recordó las sesenta y cuatro posibilidades humanas que se reflejan en la naturaleza y que nos suceden cíclicamente. Mensajero vital y atemporal que responde sin fallar según se abra el corazón primero y el alma después para escuchar sus consejos.

Acercarse al I-Ching es conectarse con la esencia de la vida en todas sus posibilidades.

Y que se asiente como un buen vino.

Pues de la resonancia dependerá que nos despierte o nos confunda, sino estamos en el Tao.

Llegó el ladrido interior.

Ladran, ladran, ladran, señal que cabalgamos.

EL AÑO DEL PERRO DE FUEGO

El gallo nos tomó el gran examen para ponernos a prueba, haciéndonos cursar y recursar materias que creíamos aprobadas por efectos especiales más que por tiempo invertido en aprender.

El perro es el animal que conecta al hombre con su humanidad y lo hace amar incondicionalmente.

El año del Perro de Fuego será el que nos enfrentará con nuestras deudas interiores, que son las que más nos limitan en el crecimiento, desarrollo y conexión con el ser único.

Feroz, cruel, déspota, arbitrario, intransigente, guerrero, valiente, confiado, correrá el velo de la ilusión haciéndonos partícipes de la realidad, donde encontraremos la piedra fundamental que nos da la llave maestra para asociar lo que ocurre en lo exotérico y esotérico y nos permite vernos en la foto de lo que ocurrirá.

Durante el año del perro se acentuará la naturaleza intrínseca de cada persona, caerán las estructuras, los mandatos, el barniz que recubre la epidermis y bloquea los chakras.

 

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