Por Enrique Szewach *
* Economista y periodista. Consultor del Banco Interamericano de Desarrollo y del Banco Mundial.
El presidente Kirchner decidió poner fin a la “novela del FMI” de una manera abrupta aunque no inesperada. En efecto, luego de comprobar que los líderes del G7 no iban a interceder ante el Fondo para que la Argentina pudiera acceder a un plan de pagos más flexible, pero sin condiciones. Y luego de ratificar que las condiciones del Fondo no iban a variar, el gobierno decidió adelantar el cronograma de pagos de los próximos tres años y pagarle por adelantado al organismo. Pudo haber decidido, simplemente, seguir como hasta ahora, pagando en cuotas y sin condiciones, pero prefirió el acto político más potente de pagar todo, aunque eso haya significado gastar un tercio de las reservas y tener que modificar un par de leyes por decreto de necesidad y urgencia. De todas maneras, que en la Argentina de principios del 2006 la “revolución” sea pagar y por adelantado, después de habernos convertido en marzo del 2005 en los “peores pagadores de la historia mundial”, es todo un cambio. Bienvenido sea.
NUEVOS DESAFIOS
Ahora claro, el gobierno enfrenta en el 2006 dos desafíos importantes. El primero, desacelerar la tasa de inflación, sin desacelerar muy fuerte la economía. El segundo, alentar a la inversión para que se amplíe la capacidad de producción que está al máximo luego de tres años de crecimiento récord. Y entiéndase bien, en el corto plazo, si hay más inversión hay más inflación. ¿Cómo? La inversión es demanda. Si mañana usted decide comprar una máquina para ampliar su fábrica, a menos que la importe o ya esté construida y en el almacén del vendedor, la fábrica que le vende la máquina demandará más materias primas para fabricarla, más trabajo, más electricidad, presionando sobre la demanda y los precios. Solo cuando la máquina esté ya instalada y usted la ponga en funcionamiento se produce más oferta. En otras palabras, la inversión es más oferta en el largo plazo, pero es más demanda en el corto.
¿Qué hará el gobierno entonces? Seguramente algo distinto a lo que le hubiera pedido Rodrigo de Rato. Algo que sea lo suficientemente distinto como para que se justifique pagar 10.000 millones de dólares al contado. (A menos que el gobierno haya pensado hacer lo que pide el Fondo pero mostrando “independencia”, cosa que no creo).
Tipo de cambio real alto. Lo que para el Banco Central significa comprar dólares con emisión y sacar luego parte de la emisión colocando deuda y tratando de mantener el dólar en un entorno de 3 pesos o 3 y algo chiquito. Superávit fiscal -aunque ahora hace falta menos porque ya cancelamos la deuda con el Fondo-. Pero habrá que endeudarse con el mercado y con Chávez, que cobran tasas más caras. Habrá que convencer a los sindicalistas del sector privado que moderen sus reclamos salariales y a los del sector público de que no habrá aumentos significativos en el 2006, al menos en la primera mitad del año. Presiones sobre los empresarios para que bajen sus tasas de ganancias y no suban los precios pese a la mayor demanda. Y el uso de retenciones a la exportación para mantener el subsidio interno a los precios del petróleo y la energía, la carne, y cualquier otro producto argentino que el mundo demande. Algo de crédito y subsidios a la inversión.
Resultado. Una economía que crece por el escenario externo, pero menos y con problemas de inversión. Una tasa de inflación en dos dígitos bajitos si se tiene éxito en los acuerdos y en contener a los sindicalistas, y se mantiene el superávit fiscal con moderación del gasto, pero con peligro de aceleración y, en ese caso, la necesidad de recurrir a más policía o a más “ortodoxia” fiscal o a más de ambos.
En síntesis, un 2006 que puede ser un buen año, pero mucho más complicado que el 2005, y con un gobierno enfrentando problemas complejos, sin el Fondo. ¡Y eso que en el fondo, son buenos!