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Por Diego “Chavo” Fucks* (Especial para El Planeta Urbano) / Fotografía: Pablo Cersósimo
* Periodista, autor, entre otros libros, de Eliminatorias ´98, un camino largo y sinuoso, El libro de River y El libro de Boca, Duelo de guapos. Conductor del programa televisivo Despertate de una vez en TyC Sports y panelista del programa Duro de domar. Perteneció 13 años al equipo de Víctor Hugo Morales y cubrió 4 mundiales para Radio Continental.
Cuesta creer lo que pasa. Por ejemplo, que David Beckham sea adquirido por el Real Madrid porque es el rey del merchandising. Porque cuando Beckham -del que no se duda ni por un segundo de sus cualidades como futbolista, que son muchas- llegó a la “casa blanca madridista” ya había un jugador para su puesto. O dos, o tres, recordemos que estamos hablando del Real Madrid y no de cualquier cuadro de fútbol.
Claro que ningún jugador de los que podría tener el Madrid en su cantera; o bien alguna adquisición de menor cuantía, tendría el pelo rubio, el peinado modernoso, la cara linda (lo que las mujeres llaman “cara linda” de un hombre, personalmente creo que la belleza masculina no existe, pero otro día lo discutimos) y, por sobre todas las cosas, una esposa “repiripipí”, Victoria Adams, una ex Spice Girl. O sea, un combo ideal para los tiempos que corren. Vale aclarar que Victoria ya no es Adams, sino Beckham, y dejó de laburar para criar a sus hijos genéticamente “perfectos” y debidamente expuestos en los medios de todo el mundo. Acá volvemos a usar la palabra “perfecto”. Sobre todo, es perfecto si obviamos las debilidades masculinas de Beckham. Beckham es Beckham, no es débil.
FUTBOL MARKETINERO
Este jugador inglés representa como ningún otro deportista en el mundo el marketing futbolero. No importa si el Madrid sale campeón o no, si Beckham es la figura o no. Importa, sí, lo que el Real Madrid o la Federación Inglesa de Fútbol ganan por tener a Beckham en sus filas. Por supuesto que si la presencia de Beckham es acompañada por éxitos deportivos tanto mejor, pero, como ocurrió en esta temporada, si el Madrid no gana la Liga ni la Champions League, la imagen de Beckham sigue facturando, aun más que la de Ronaldo o la de Zidane, dos de los futbolistas más cotizados que tiene el cuadro español.
De todas maneras, el buen rendimiento también colabora con esta historia de convertir a los jugadores de fútbol en estrellas de la TV o protagonistas de comerciales trabajados y producidos como si fueran piezas cinematográficas. Ronaldinho, el mejor jugador del mundo, es la figura del Barcelona todos los domingos y todos los miércoles. Y además actúa bastante mejor que algunos galanes de nuestras telenovelas de la tarde en una publicidad de desodorantes. De este increíble futbolista brasileño se explota su simpatía, porque hace una jugada digna de Maradona y se ríe, porque lo golpean salvajemente y se ríe. Lloró cuando lo expulsaron jugando para el Barcelona y ahí terminó de meternos en su bolsillo, se humanizó. En el aviso del desodorante, hasta da bronca que ninguno sea capaz de darle aunque sea un aerosol.
Esta faceta -típica de los brasileños, expertos en relaciones públicas- es explotada debidamente. La sensación que tenemos viendo a Ronaldinho es general. En la Argentina hasta supera la rivalidad futbolera que tenemos con Brasil. A Ronaldinho lo respetamos, lo admiramos, prendemos la tele para verlo los sábados a la tarde, queremos que se la den a él... Hasta es medio amigote de Messi, lo cual hace que lo apreciemos un poquito más todavía.
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