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Autora: Daniela Barrera / Fotógrafo: Guillermo Prat
“El apetito de la gente por lo atrevido es insaciable. La tecnología amplía la capacidad para echar un vistazo a la propia sexualidad. Cuán lejos se llegue depende de la creatividad de cada uno.”, dijo alguna vez Sam Roddik, hija de la creadora de la línea Body Shop, una de las firmas que hoy comercializa productos para la satisfacción sexual.
Luces bajas, cortinas oscuras, mucho color rosa y discreción. ¿Quién no los vio alguna vez? A veces pasan inadvertidos, pero ojo… que están ahí esperando por nuevos consumidores, ocultos en las típicas galerías de las calles Florida, Lavalle, Corrientes y Santa Fe. Con un espíritu tan atrevido -o incluso más- que el europeo, los sex shops de Buenos Aires abren sus puertas para que descubramos que detrás de todo este mundo estamos nosotros mismos. Dueños de añejos y gastados prejuicios, hoy nos decidimos a decirle basta al tabú. Erotismo y fantasía van de la mano -y el que lo niegue no sabe lo que se pierde-. En estos negocios se conjugan dudas, deseos, preguntas, respuestas y nuevos misterios, todo asociado con el placer. Placer humano (o de plástico), pero placer al fin.
“Hombres y mujeres se animan cada vez más a incursionar en el mundo de los juguetes de fantasía. Se fue perdiendo el miedo y ya no resulta extraño entrar a un sex shop, ya sea por cumplir fantasías, por problemas sexuales o simplemente por curiosidad”, adelanta Sebastián Portillo, encargado de la sucursal de Lavalle de Digital Sex, negocio con cinco años de experiencia en la materia.
EL DESTAPE
Ya escuchamos y leímos por todos lados acerca del destape sexual. A esta altura ciertamente dejó de ser novedad la idea de que estamos más liberados, y que sobre todo las mujeres se animan a buscar y preguntar más sobre cuestiones de satisfacción sexual. El quid de la cuestión está en que ahora, recién ahora que ya se convirtió en un asunto mediático, lo reconocemos. Gritamos a los cuatro vientos “¡chau tabú!”, pero si preguntáramos al azar cuántos de nosotros ya visitaron un sex shop (y no solo para hacer regalos en despedidas de solteros) las respuestas positivas todavía serían escasas.
¿Y por qué ahora hablamos de liberación? Algunos atribuyen el fenómeno al éxito de programas como Sex & the city y los ciclos de la sexóloga Alessandra Rampolla, dos casos bien mediáticos que plantearon un debate abierto.
Pero una razón más profunda es la que explica Gustavo Vidal, director de Extasy Collection, una de las cadenas de sex shop porteños más conocidas que funciona desde 1984. “Por la crisis de 2001, los canales de aire vuelcan su mirada a este rubro para poder hacer un corte en la programación de noticieros y emisiones basadas en la realidad, porque lo que se estaba viviendo era absolutamente agobiante para el público. Por otra parte -agrega-, los hábitos de consumo y esparcimiento se redujeron y así empezamos a pasar más tiempo en casa y a prestar más atención a la intimidad sexual, que funciona como válvula de escape”. Según este empresario del rubro, las circunstancias político-económicas adversas impactaron de tal modo en la sociedad que se comenzó a hablar de sexualidad abiertamente y hasta aprendimos a divertirnos al conocer los hábitos de los demás.
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