Snowboard

 

 

Aunque es un fenómeno que está de moda desde hace ya bastante tiempo, son muchos los que huyen de la city para buscar en forma obsesiva la mejor nieve polvo.

Por Federica Suárez Santiago

Sherman Poppen, un ingeniero norteamericano, en las primeras nevadas del invierno de 1963, mientras miraba plácidamente jugar con un par de esquíes a sus hijas se inspiró para diseñar un “snurfer” -o la primera y precaria tabla de snowboard-. Se trataba de una sencilla tabla de madera contrachapada, de dimensiones bastante menores que las de las tablas actuales, sin fijaciones para los pies y con una cuerda en la punta de la tabla que ayudaba a mantener el equilibrio.

A principios de los '70, la compañía norteamericana Brunswick decidió comercializar el reciente descubrimiento logrando un considerable éxito en las ventas. Mientras tanto, el eco del asombroso invento llegaría con la velocidad de un rayo a los oídos de los surfistas y skaters instalados en la costa este de California, quienes no tardarían en adoptar el novedoso “entretenimiento”. Entre los nuevos adeptos, y uno de los que marcaría para siempre la historia de este deporte, se encontraba Jake Burton, que en 1977 creó su propia empresa de snowboards aportando importantes innovaciones al deporte y a la industria. Incorporó el uso de gomas como fijaciones; y con su nuevo modelo de tabla marchó al campeonato del mundo de 1979 en Estados Unidos , llevándose el título y revolucionando el mundo de los deportes de tabla.

A partir de ese momento y con un ritmo incesante, el snowboard comenzó a ser un deporte de moda que logró gran aceptación en los centros invernales de los Estados Unidos. Su vertiginoso crecimiento trajo bajo el brazo las tablas asimétricas; la bota blanda y a Craig Kelly, el primer snowboarder profesional. Simultáneamente, el furor llegaba a Europa con la aparición del video Apocalypse Snow , y con la celebración del primer campeonato oficial de snowboard en Saint-Moritz, Suiza.

La pasión por la cordillera de los Andes

A la Argentina y a Chile, el snowboard también llegó a principios de los ' 80 de la mano de Jean Robert, un francés con alma expedicionaria que se enamoró de la cordillera de los Andes. Fue un flechazo automático que lo obligó a radicarse en el país trasandino e introdujo el deporte en las montañas del sur del contiente americano. A partir de ahí, varios nombres han surgido en nuestras tierras, como los argentinos Xavier Lasagabaster, Jorge Belardi, Juan Beveraggi, Tincho Palomeque, Facundo Sotomayor o los chilenos Christian Wehrhahm, por nombrar a algunos pocos que han sabido destacarse en el snowboard. También supieron ganarse un lugar en las pistas internacionales, sobre todo en las europeas.

Un deporte que maduró

Con la industria ya consolidada y el deporte profesionalizado se desvanecieron todos los rumores que lo tildaban como el “furor del momento”, además en 1998 fue incorporado como deporte olímpico en las Olimpiadas de Nagano, Japón. Nombres como Terje Haakonsen, Peter Line, Lim Rippey e Iker Fernández, entre otros, sonaban en los “fuera de pista” de los centros de nieve de todo el mundo.

Este deporte ya no es un fenómeno ni una moda. Velozmente sus adeptos se convierten en fanáticos y casi sin darse cuenta forman parte de una “comunidad”. Con su propio estilo para vestirse, moverse y hablar, los snowboarders generaron un movimiento que va más allá de las altas cumbres. Sus características ropas anchas inspiraron tanto a los jóvenes de la ciudad como al magnate italiano Renzo Rosso -creador de la original y famosa marca Diesel- que revolucionó con sus diseños.

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