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Autor: Marcos Aguinis (Especial para El Planeta Urbano)
En Occidente -palabra que se usa para identificar el sector más desarrollado y avanzado del mundo, aunque se extienda hasta el Japón y Australia- la mujer consiguió romper la mayoría de las oprobiosas cadenas que la mantuvieron arrodillada como un ser inferior durante milenios. Se la consideraba propiedad y objeto de los varones, incluso provista de menor inteligencia, practicidad y confiabilidad. Su liberación no ha terminado aún, por cierto. Existen numerosos países y “culturas” donde sigue sufriendo tormentos, humillación y atraso, inclusive en países que integran las comisiones de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, para vergüenza de esas mismas entidades. Y en el mundo desarrollado persisten bolsones de discriminación, pese a leyes y costumbres que revelan un enorme progreso.
La Argentina avanzó mucho. La emancipación de su mitad femenina ha comenzado en el siglo XX, como en el resto de Occidente. Las mujeres de actuación destacada en años anteriores fueron una excepción que dieron origen a biografías entusiastas, novelas y películas. No era la regla. Evita, por ejemplo, no pudo ser elegida Vicepresidenta porque se oponían las Fuerzas Armadas, gran parte de la sociedad y hasta su mismo esposo, como prueba el escaso respaldo que le brindó para este objetivo. Eran los comienzos de los años ´50. Las cosas ya habían cambiado mucho en 1973, cuando se lanzó la fórmula Perón-Perón, y que llevó un año después, por vez primera, una mujer al sillón de Rivadavia. Una triste y lamentable figura, por cierto. Pero es otra historia que no voy a desarrollar ahora para evitar dispersiones.
En consecuencia, podemos regocijarnos por el hecho de que las mujeres no están discriminadas como antes. Por lo menos en los papeles o en aspectos de trascendencia pública. Aunque, para ser sinceros, debemos admitir que la discriminación prosigue latiendo: en el trabajo, en muchos hogares, en los chistes. Por eso circulan preguntas sobre las candidatas a la Presidencia aludiendo a las ventajas o desventajas de su género. Hay versiones que aseguran algo asombroso: las mismas mujeres votarían con menos alegría a una mujer que a un varón. No es un dato extraño, porque en los sectores discriminados u oprimidos de cualquier naturaleza, algunas personas suelen pensar con la mente del opresor. No debemos esforzar la imaginación largo rato: hoy en día hay mujeres entre los sectores fundamentalistas que apoyan y celebran su inferioridad, su segregación y falta de libertad; dicen que eso las protege del varón pecaminoso... También hay judíos que detestan ser vistos como judíos. Y negros que se quieren liberar de su color, como Michael Jackson.
En síntesis, está muy bien que haya candidatas a la Presidencia, así como ya hemos aceptado tener diputadas, senadoras, intendentas y ahora estrenaremos una gobernadora. No hay actividad del amplio espectro social donde no pueda desempeñarse una mujer. Antes, ¿quién iba a dejarse operar por una mujer? ¿O ser asistido por una abogada? ¿O incluir mujeres en la policía? Hemos avanzado.
LA NOTA COMPLETA DE MARCOS AGUINIS LA ENCONTRAS EN EL PLANETA URBANO DE OCTUBRE
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