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Autora: Felisa Pinto (Especial para El Planeta Urbano) / Fotógrafo: Pablo Pérez
En estos tiempos de sobresaltos, acudir a la cultura de lo suntuario parece ser el antídoto señalado por los que orientan el mercado del consumo sibarita. Surgen nuevos códigos y jergas asociados con el alto nivel. La palabra “vintage” es clave para iniciar a los nuevos degustadores del vino y todas sus sutilezas al referirse a las cosechas de las uvas elegidas. Mientras tanto, en la moda la misma palabra inglesa refiere a la ropa fechada en el pasado y designa a lo más representativo de una época.
Las señales son claras y diversas.
En París, Marc Audibet, director de la resucitada Maison Vionnet, ha recuperado en esta temporada, y en las últimas colecciones, el corte al bies, fluido y sugerente, gracias al cual la inigualable Madeleine Vionnet pasó a la historia de la costura en el mundo. Sin duda fue ella la que encarnó el costado austero y ascético de la moda. El rigor en la alta costura fue su apostolado. La buena construcción de un vestido resultaba de su búsqueda constante de la adecuación del cuerpo con los materiales que usaba, que debían tener buena caída y el peso justo para determinar la forma. Fue así que descubrió la flexibilidad del crepé en todas sus versiones, para lograr con el corte al bies, la elasticidad requerida para sugerir el cuerpo femenino con total libertad de movimientos. Nunca sospechó en esos años ´20 que existiría mucho después la lycra, protagonista de la ropa de nuestros días. Para destacar su logro, Vionnet decía en l926: “Con el corte al bies probé que un género que caía sobre el cuerpo, sin ninguna coraza, era un espectáculo armonioso por excelencia”.
SURREALISMO Y OTRAS HEBRAS
No escapa a la mirada alerta de quienes siguen los vaivenes de la moda actual, la vuelta al surrealismo del siglo pasado, especialmente luego de una muestra reciente en el Victoria and Albert Museum de Londres: “Surreal Things, surrealism and design”. La sola evocación del surrealismo en la moda dirige las miradas hacia la gran Elsa Schiaparelli, que se rodeó, como ninguna, de artistas surrealistas como Dalí, quien diseñó para su boutique desde un sofá en forma de boca roja, hasta botones de blusas o sombreros cónicos, como cucuruchos, en l937. No hay que olvidar el aporte de Cocteau en sus colecciones de pulóveres bordados sobres sus dibujos con temas de tatuajes marineros, donde se divisaban desde anclas hasta corazones atravesados por una flecha o serpientes enroscadas. Toda su ropa era transgresora y con sorpresas. No faltó una capa hecha con papel celofán transparente para un vestido de soirée, que quizá preanunciaba las posteriores épocas de privaciones poco antes de la Segunda Guerra Mundial y antes de cerrar su casa, en l939. Elsa reconoció siempre que “trabajar con artistas como Berard, Dalí, Cocteau, me despertó una exaltación sin límites. Ellos me cambiaron la idea de que un vestido debe ser algo más que solamente se venda”.
POIRET, UN ADELANTADO
Una retrospectiva de Paul Poiret que se pudo ver durante todo el reciente verano en el Metropolitan Museum de Nueva York probó en forma multitudinaria el nuevo fervor por las joyas de la moda del siglo pasado. Poiret fue el primer revolucionario que se animó a abolir el corset, no bien empezó el siglo XX, cuando en l906 declaró la guerra a la sumisión y propuso una franca liberación del cuerpo femenino con el correlato de nuevos estilos de vida y costumbres indumentarias. También enfatizó los escotes profundos, el talle alto y las faldas estrechas hasta el tobillo, que por primera vez podía mostrarse sin rubores. Y se dio el lujo de inspirarse en la ropa oriental y las formas exóticas, introduciendo las babuchas, los kimonos y los colores vibrantes y profundos que contrastaban con el tono pastel de la moda del siglo XlX.
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