Aunque en la Edad Media los cristianos tenían prohibida la usura, los Templarios -grandes banqueros de la época- obtenían un beneficio del dinero que guardaban, custodiaban o transportaban, descontando de la cantidad primitiva una comisión previamente acordada. Los prestatarios, por su parte, les devolvían una cantidad superior a la que habían percibido a crédito. Con el tiempo los Templarios empezaron a ser vistos como ricos conspiradores en contra del Estado y del bien común.
Préstamos, garantías y endeudamiento
El profesor universitario de economía Stuart Crane nos indica que existen formas para asegurar los préstamos con garantías de parte de los gobiernos o monarcas.
Cuando una firma importante pide un préstamo grande, sus acreedores obtienen una voz en el manejo de los negocios como una manera de “proteger su inversion”. De igual modo, ningún gobierno puede conseguir grandes préstamos a menos que esté dispuesto a ceder a sus acreedores una cuota de poder sobre su soberanía a modo de aval. De esta manera, los banqueros internacionales que han prestado cientos de billones de dólares en todo el mundo adquieren una poderosa influencia en las políticas de tales gobiernos. Pero la mayor ventaja que un acreedor tiene sobre el deudor es que si éste se niega a pagar la deuda (incluyendo los intereses), el banquero puede financiar a su enemigo.
Debido a que los depósitos gubernamentales son la clave de los imperios bancarios internacionales, a lo largo de la historia estos banqueros se han interesado en ayudar a los gobiernos para que se endeuden. A mayor monto de deuda, mayores intereses (y obviamente cuanto más corruptos sean los funcionarios involucrados, mejor).
Uno de los métodos más eficaces, y quizás el más rápido, para sumergir a un gobierno en un mar de deudas consiste en armar una guerra en la cual los bancos financian a ambas partes del conflicto. Como ejemplo, durante la guerra civil de los Estados Unidos el norte fue financiado por los Rothschild, a través de su agente norteamericano August Belmont, y el sur por los Erlanger, curiosamente parientes de los Rothschild.
Si bien guerras y revoluciones han sido de mucha utilidad a los banqueros internacionales para lograr un mayor control sobre los gobiernos, la clave siempre ha sido el manejo del dinero de las naciones. Al forzar a un gobierno a endeudarse, el acreedor está en posición de demandar los privilegios monopólicos en poder del soberano. Sobran ejemplos en los que gobiernos desesperados por un préstamo han cedido el monopolio de su banca estatal, de los recursos naturales, de las concesiones petroleras o de los medios de transporte. Sin embargo, el más codiciado por los banqueros es el control de la emisión monetaria.
Controle la emisión de la moneda de una nación y controlará el país De hecho varios banqueros internacionales poseen los bancos centrales de diversas naciones europeas en forma de corporaciones privadas. Los bancos estatales de los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania no pertenecen a sus respectivos países, sino que fueron monopolios otorgados por los jefes de Estado a cambio de préstamos.
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