Ricardo González es uno de los pocos afortunados exploradores que lograron unir el reino invisible de lo sagrado con nuestro mundo profano. Su cruzada espiritual lo llevó por 30 países en los cuales recorrió parajes tan remotos como bellos. Entre los más relevantes se encuentran el Lago Titicaca en Bolivia, la Selva del Roncador en Brasil, la Cueva de los Tayos en Ecuador, el Monte Shasta en California, la mítica Paititi en la selva peruana, la Meseta de Somuncurá en la Patagonia, y las más fascinantes ciudades remanentes de culturas desaparecidas en Egipto, México y otros centros arqueológicos del planeta. En cada uno de estos enclaves estratégicos logró un acercamiento con una realidad propia de otros mundos, pero que en este caso no fluía desde estrellas lejanas, sino desde zonas inexploradas en la Tierra.
¿Qué se pudo aprender o descubrir a lo largo de estos años de trabajo?
Principalmente la comprobación de que otros seres inteligentes existen en el universo, y también que, desde hace miles de años, se encuentran de alguna forma involucrados en nuestra evolución. Descubrimos, además, la existencia de seres intraterrestres que actúan como guardianes y vigilantes del planeta, protegiendo en sus bases secretas lo que ellos denominan “la clave de los tiempos”. Es decir, la verdadera historia de la Tierra, lo que fue, es y será. Los lugares donde se encuentran son conocidos como Retiros Interiores. La experiencia con los intraterrestres, que constituyen una comunidad de luz llamada Hermandad Blanca, ha sido lo más revelador que hemos afrontado. Recientemente acabamos de llevar a cabo uno de estos viajes a uno de los lugares más misteriosos e importantes de la historia perdida del planeta: el desierto de Gobi, en Mongolia, Asia. El viaje que hicimos a Gobi precisamente nos acercó más a ellos.
¿Qué significó ese viaje a Gobi?
Fue sin duda muy que importante, porque llegamos al sitio en el que hace miles de años se estableció aquella Hermandad Blanca. Hablamos de los orígenes de la legendaria Shambhala, el reino mítico que según la tradición del budismo tibetano se halla oculto en algún lugar “más allá de los picos nevados del Himalaya”, y que también es mencionado en varios textos antiguos, incluido el Tantra Kalachakra y ancestrales escritos de la cultura Zhang Zhung. En el lenguaje sánscrito “Shambhala” significa “lugar de paz, de tranquilidad”, denominación apropiada para la labor de sembrar la semilla de la luz en la Tierra. Y ésa es su misión. En el Kalachakra, por ejemplo, se habla de una sociedad de habitantes iluminados que habitan allí. Así que te podrás imaginar que nuestro viaje no fue la aventura de un puñado de almas que intentaban entrar en ese reino secreto; en realidad fue un paso colectivo, espiritual, en el que muchas fuerzas fueron activadas, lo que nos permitió acceder a un conocimiento resguardado desde hace miles de años que se relaciona con épocas trascendentales en la historia de la humanidad. En suma, llegar a Gobi en representación de todos, y del proceso que hemos vivido, significaba un gran paso o “test evolutivo” para cada uno. Una instancia en que deberíamos dar un verdadero salto de conciencia.
¿Nos podrías ampliar lo que representa Shambhala y cuál es el origen de la Hermandad Blanca?
La Hermandad Blanca está compuesta por Maestros de origen cósmico que fueron los fundadores de Shambhala en la Tierra para polarizar la pugna de fuerzas que se había establecido en nuestro mundo. Más tarde, aquellos seres extendieron su radio de influencia actuando no solo en el desierto de Gobi (donde arribaron originalmente) o los Himalayas, sino también en América del Sur, donde se halla un verdadero laberinto de túneles que conduce a fantásticas ciudades intraterrenas. Aunque suene increíble, aquellos seres han estado entre nosotros todo este tiempo. A lo largo de la historia han venido inspirando a diversos hombres y mujeres de todas las latitudes del mundo. Trabajan en silencio y solo se les puede encontrar en sus esquivas moradas subterráneas. Pero desde allí han orientado de alguna manera la misión personal de muchas almas. Shambhala representa tomar conciencia, despertar y transformarnos no en “guerreros de la luz”, sino en “embajadores de paz”.
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