Autor y fotógrafo: Estanislao Cantón (Desde España)
Cuenta la historia que la Fundación Solomon R. Guggenheim, con sede en la ciudad de Nueva York, estaba planeando realizar unos cambios expansivos, y en lo primero que pensaron fue en el Viejo Continente. Como ya tenían algo en Venecia, consideraron la posibilidad de agrandarlo. Pero no fue tan fácil, porque las autoridades de esa ciudad no colaboraron mucho y el edificio con el que contaban era muy antiguo y estaba demasiado expuesto al agua. Luego intentaron con la ciudad austriaca de Salzburgo, pero las conversaciones tampoco llegaron a buen puerto. Finalmente se presentó la idea de hacerlo en el País Vasco, cuyas autoridades accedieron con gusto pensando que su territorio se vería enriquecido.
Es así que hoy, caminando por la ciudad de Bilbao, junto a la ría del Nervión, se puede ver un edificio que se erige como un encuentro caótico de volúmenes irregulares, combinados con otras formas más o menos regulares y de diferentes materiales.
El museo
Abierto al público el 19 de octubre de 1997, el Museo Guggenheim está ubicado en el centro de un triángulo imaginario conformado por otros edificios culturales: la Universidad de Deusto, el Museo de Bellas Artes de Bilbao y el Teatro Arriaga, al lado del Casco Viejo de la ciudad.
En el Guggenheim el aparente caos exterior, en el interior se vuelve un espacio muy bien organizado. Casi todas sus salas y galerías confluyen en un centro común. Un espacio vacío llamado atrio, que es también el corazón espacial del museo. Basado en él el arquitecto del proyecto, Frank O. Gehry, diseñó todos los volúmenes del edificio. Y según cuenta la historia su intención no fue elevar, sino estirar los volúmenes, con lo cual la forma de la planta resulta en molinete. Algo así como la hélice de un avión con sus respectivas aspas. El punto más alto del edificio es de 55 metros y lo llaman “el lucernario de cristal”. En su mayoría, las paredes son curvas, sinuosas y orgánicas, siendo el resto de volumen ortogonal.
El arquitecto
Frank Gehry nació en 1929 en Toronto, Canadá. Como es de origen judío, cuando era niño su abuela solía preparar pescado relleno para celebrar el Sabbat. Tenía la costumbre de comprar los pescados vivos y conservarlos durante días en una bañera. El se pasaba horas jugando con ellos y, sobre todo, observándolos. De allí su idea sobre la disposición de las escamas en el cuerpo de los peces, que de adulto trasladó a sus construcciones arquitectónicas y de muebles.
Pero además de los recuerdos de su niñez, Gehry se valió de la más moderna tecnología. Mientras un arquitecto convencional concibe una idea en su mente y la vuelca en el papel, Frank Gehry trasladó sus bocetos directamente a las tres dimensiones: Como un escultor, utilizó materiales básicos que encontró en su estudio: hilo, pegamento, alambre, cartón... y construyó una maqueta. Luego, con la ayuda de un lápiz óptico, la digitalizó y la llevó a la pantalla de la computadora para darle un acabado con el programa informático de diseño tridimensional Catia.
TERMINA DE CONOCER ESTE GRAN MUSEO DE BILBAO, EN EL PLANETA URBANO DE MAYO |