Autora y fotógrafa: Agustina Fernandez (Desde España)
“Sonríe, estás en España” es, a simple vista, una consigna fácil. Este es el eslogan que el Gobierno de España lanzó en mayo para vender su país al mundo, y no se dan idea de la gran verdad que encierra dicha frase. Como parte de esta campaña, un grupo de periodistas argentinos fuimos invitados a Sevilla para contar nuestra experiencia. Ocurre que estando allí, comprobé que la tierra y la gente ibérica inspiran eso: sonreír.
Luego de un largo viaje con escala en el aeropuerto de Madrid-Barajas, llegamos a Sevilla un lunes de junio. Inmediatamente me resonaron voces con la típica frase: “Es la ciudad más calurosa que conozco”. Confieso que me parecían exageraciones, pero los 42º a la sombra cambiaron mi opinión.
Maite Rodríguez, una de las guías que nos acompañaría por las callecitas de los pueblos sevillanos, nos esperaba ansiosa. Sus flacas manos cargadas de exóticos anillos, las uñas rojas, el flequillo recto, negro y lacio, hacían de esta ex bailarina de ballet un personaje almodovaresco. “Antes muerta que sencilla”, diría en confianza.
El camino por la Autovía Sevilla-Huelva hacia el Hotel Andalusí Park (4*), ubicado en Benacazón, nos ofreció atractivos campos verdes repletos de olivares y fábricas con forma de cajas de zapatos.
Un breve descanso en este gran hotel de estilo árabe nos sirvió para recuperar energías y poder partir hacia nuestro primer destino: El Cortijo Aguila Real. En medio de la campiña -y a solo 20 km de Sevilla Capital-, se erige esta antigua casa aristocrática de campo, hoy un hotel cuatro estrellas. Luego de un recorrido por las habitaciones nombradas como flores, los salones, la piscina, los patios y hasta una pequeña plaza de toros; la caída del sol nos regaló un poético atardecer y la gente del cortijo un aperitivo inolvidable.
MARTES: MARCHENA Y OSUNA
A tempranas horas de la mañana el sol de verano nos incitó a salir. Camino a Marchena, la nota de color la dio El Paquito, puente a través del cual cruzamos el río Guadalquivir. Construido con motivo de la Expo ´92, originalmente se llamaba Puente del Quinto Centenario, pero ha sido renombrado así por su semejanza con el Golden Gate de San Francisco.
En la ruta los girasoles mirando al sol nos dan la espalda, hasta que llegamos a la llamada “joya ducal” del siglo XVIII, en honor a su histórica Plaza Ducal. Marchena es el típico pueblo sevillano: blanco por donde se lo mire, surcado por angostas callejuelas de rústicos adoquines que están señalizadas, por ejemplo, con nombres como Cristóbal Colón pintados sobre azulejos.
Al bajar del fresco microclima del bus, el calor agitado por las blanquecinas paredes fue un factor imposible de obviar a la hora de recorrer la ciudad. Tanto es así que nadie camina por allí a la hora de la siesta. La Puerta de Sevilla o Arco de la Rosa, uno de los restos de su antigua condición de recinto amurallado almohade del siglo XII, posee un arco de herradura que nos desconcertó en su contexto. Esa sensación se repetiría a lo largo del viaje, a medida que la mezcla árabe, romana, musulmana y cristiana se haciera más evidente.
ENCONTRA EL RECORRIDO COMPLETO POR ESTA CIUDAD ESPAÑOLA EN EL PLANETA URBANO DE AGOSTO