Sudáfrica: Salvaje y sofisticada

 

 

Por Gisela Galimi

La naturaleza tiene la mezcla justa de azar y proceso. Sabemos que siempre volverá a llover, nunca precisamente cuándo. En la sabana sudafricana la sensación es que esa ecuación se altera. En un jeep sin techo ni vidrios, a escasos diez metros de un león, la adrenalina martilla la certeza de que el azar está más cerca que nunca. Pero los rangers -o guías- sonríen tranquilizadores. Aseguran que aquí se cumple el gran proceso del ciclo de la vida, y uno puede estar seguro… mientras no saque los brazos del automóvil.

Esta es la primera vivencia que se puede experimentar en la reserva privada Kapama, una de las que rodean al Kruger Park, al norte del país. En esta zona de Sudáfrica es donde más posibilidades hay de ver a los “cinco grandes” (elefante, rinoceronte, león, leopardo y búfalo). Es un paisaje en el que se suman el confort inglés con un toque “afro”, para dar a los ambientes de la reserva un lujo rústico.

Conducidos por un ranger al volante -que va armado y lleva las balas en la cintura- y otro ranger buscador de huellas sentado en el capot del auto, aquí se sale a “cazar” animales para fotografiarlos, tanto al amanecer como al anochecer. Un paseo en el cual es posible cruzarse con una manada de elefantes, un nido de termitas -hormigueros de más de un metro de alto que mantienen una temperatura constante a pesar de los días calurosos y las noches heladas de la sabana-, o un leopardo cazando un impala. También aparecen las gacelas que, menos rápidas en los primeros 100 metros, pero de mayor resistencia, distraen a sus cazadores haciendo ruidos con el hocico para confundirlos desde las diferentes puntas del terreno.

Un día esto, otro día la visión de un trío de leoncitos comiendo un búfalo bajo la mirada atenta de su madre. Entonces apretamos el trípode de la máquina como si fuera un palo por si la fiera se acerca. Eso es un safari. Eso y comer comida exquisita con buen vino, sentados alrededor de un fogón con mantas inglesas sobre los hombros. Eso y un lago en el que el cielo se refleja, encerrando el secreto de los cocodrilos que lo habitan sin que los veamos…

Eso y más

Así como los extranjeros vienen a la Argentina buscando gauchos y tangos, pero encuentran mucho más; Sudáfrica es un país que no se agota en los safaris, por más inolvidables que estos resulten. Como en un calisdoscopio, se pueden ver desde grandes orbes cosmopolitas hasta ciudades inventadas.

Entre las primeras, Durban y Cape Town son las más turísticas. Johannesburgo es la más politizada, ya que en su barrio negro Soweto nació el movimiento que lucharía contra el apartheid. El mismo barrio por el cual pueden hacerse interesantes tours que detallan la historia reciente de Sudáfrica.

Con una onda totalmente relajada y comercial, otra ciudad importante es Durban, el principal puerto de entrada a Africa del Sur. Situada sobre el océano Indico, allí se encuentran enraizadas la “nación zulú” ( actual provincia de KwaZulu-Natal) y una gran colonia india -el mercado de la calle Victoria es un imperdible-, además de abundar casas coloniales como resultado de la época de dominación inglesa.

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