Distintas sensaciones se unifican a la hora de planificar un viaje: ansiedad, motivación, curiosidad. El ímpetu por cumplir el sueño de recorrer el mundo puede llevarnos a dormir en un sofá o a escapar del turismo convencional. ¿Estás preparado para vivir tu propia aventura?
Autor: Ignacio Magurno
Solo o en pareja, con amigos o en familia. La hora de partir se acerca y pronto estaremos lejos de casa. No hay de qué preocuparse, porque la reserva del hotel está confirmada desde hace tiempo, la tarjeta tiene suficiente crédito para contratar todos los tours que nos ofrezcan y la cámara de fotos luce dispuesta a disparar a cuanto monumento se nos cruce por los ojos.
Tener el pasaje en mano, listo para emprender la huida hacia el mundo desconocido, es el primer paso para satisfacer el anhelo conquistador. Sin embargo, hoy el turismo proporciona un sinfín de oportunidades para los que quieren escapar de los modelos establecidos y buscan armar su propio rompecabezas rutero.
CAMA AFUERA
La globalización de las comunicaciones nos permite ponernos en contacto con personas de todo el mundo. El Google Earth nos encandila con paisajes y lugares recónditos a los que solo podíamos llegar con nuestra imaginación. Del otro lado de la tierra, habitantes despiertos aguardan por una señal. Por qué no aprovechar esa ventaja para lograr algo más que una simple charla ocasional con algún alma inquieta de otra latitud.
El Couchsurfing (o surfeo de sofás) es, más que un sitio de Internet, un espacio de intercambio entre culturas; un lugar donde se ponen en contacto miles de personas que ofrecen un “sofá” (o simplemente un lugar para dormir) a modo de hospedaje a los viajeros, totalmente gratis, por los días que se acuerden. Esta modalidad congrega a aquellos que quieren ser huéspedes y no preocuparse por gastos de hotel ni de engorrosas reservas previas.
Son muchos, y de las regiones más antagónicas del planeta, los integrantes de estas nuevas “comunidades” que ven en esto la forma más directa de interactuar y descubrir otras costumbres y estilos de vida. Claro que es necesario darse a conocer mediante una breve descripción y detallar información acerca de las comodidades, gustos, horarios y lenguajes que domina el improvisado anfitrión, para que luego el viajero seleccione a su gusto y pueda ponerse en contacto para organizar el encuentro.
Sin embargo, el hecho de ir de sofá en sofá, de casa en casa, de ciudad en ciudad, puede acarrear temores relacionados con la seguridad personal, tanto para el que aloja como para el que viaja. ¿Cómo prevenir una mala experiencia? Tarea difícil. Sin embargo, cada usuario registrado posee un perfil público y en la mayoría de los casos se pueden leer las opiniones de quienes lo visitaron.
Otros, como el Hospitality Club, que persigue el mismo objetivo de dar alojamiento gratis o un simple recorrido guiado por la ciudad, exigen el número de pasaporte antes de concretar la cita.
Dentro del estilo -pero más parecido al hospedaje clásico de hotel-, están los hostels, ideados para jóvenes viajeros, en su mayoría solitarios, que comparten las habitaciones sin distinción de nacionalidad, sexo (en algunos casos sí) ni edad. Su particularidad es la de promover un lugar común de encuentro, donde las lenguas se unifican y los límites geográficos se desvanecen. Ideados para la nueva generación, invocan un espacio de aprendizaje multicultural. Salas de juego, fiestas, recreación: todas las actividades pueden practicarse en conjunto, y es ésa, básicamente, la premisa que persiguen quienes lo eligen.
A TU MANERA
El viaje puede realizarse de los modos más curiosos. Nadie debe sentirse obligado a contratar un tour convencional, ni excursiones aburridas por centros turísticos ideados para la ocasión, donde suelen amontonarse los visitantes. Vistas panorámicas con la foto de recuerdo, recorrido por la ciudad con almuerzo incluido y vuelta al hotel para la cena. Nada de eso garantiza que un viaje sea el soñado.
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